CHOCOLATE


 

Esta tarde comí chocolate, ese dulce mágico que se funde en el paladar y se desliza por la lengua hasta asomarse al borde de los labios. Comí chocolate e imaginé tus caricias con glotonería. Allí parada, veía mi imagen insinuarse en los cristales del escaparate en la pastelería. Transportada de deseo, las golosinas se sonrojaban cómplices de mis fantasías. Saboreaba su textura suave, su ligero picor transformarse en dulzor insolente y delicioso. Sentía el placer ascender desde el vientre a la punta de los senos. Estabas allí, lo supe cuando abrí los ojos y vi mi sonrisa reflejada, saciada imaginariamente de tus besos.


Carmen Hernández Montalbán

El espejo de Nostradamus de Jose Luis Raya Pérez


No hace mucho salió del horno de la imprenta la novela de José Luis Raya, nacido en Guadix y residente en Fuengirola, donde trabaja como profesor de Lengua y literatura. Cuando la vi en el escaparate de una de nuestras librerías, la novela me impactó por su portada original y especialmente por el sugerente título “El espejo de Nostradamus”. Dado los tiempos que corren, pensé que el argumento giraba en torno a la crisis, o mejor será decir a la estafa que el capitalismo salvaje está cerniendo sobre la ciudadanía. Rascando un poco mi desahuciado bolsillo acerté a reunir los diez euros que cuesta la novela. Debo decir que fue un dinero bien invertido debido a los buenos momentos de risas, carcajadas y sorpresas agradables que me proporcionó su lectura, escrita con un desenfadado estilo directo. Después vi que se trataba de las venturas y desventuras de un matrimonio, el de Pepe y Carmen que también está en crisis, pero en una crisis sentimental. Tenía curiosidad por algunas cuestiones que Pepe, el autor, ha sido muy amable en responder. ¡Mucha suerte paisano!.
1 ¿Por qué El espejo de Nostradamus, cómo nació la novela?
- Se desarrolló a partir de uno de mis relato titulado "Un matrimonio corriente", el cual tenía muchas posibilidades para poder desarrolllarse como novela.

2 ¿Qué hay del protagonista en el autor (tú).
- Nada.Los protagonistas están insipirados en unos personajes reales que conocí hace mucho tiempo en Motril.

3 ¿Has ensayado algún discurso en el espejo?
- Nunca. Cuando me miro al espejo me doy miedo.

4¿Qué proyectos literarios tienes entre manos?
- Cada semana escribo artículos para la prensa, muchos de ellos los tengo en mi blog, también cuelgo algunos relatos. He empezado una nueva novela que lleva el título provisional de "Ratas como nosotros" o también podría ser "Diez años de felicidad", ya veré... Últimamente estaba ninguneado la ingente cantidad de novelas y películas inspiradas en la Guerra Civil y mira tú por dónde ésta se desarrolla en esa época; pero la mía, como siempre, es totalmente diferente a las demás (jejeje)
5  No me cabe duda.

BUSCANDO LA MAGIA de Gabriel Medialdea

"Buscando la Magia" es un cuento del actor accitano Gabriel Medialdea, que narra las aventuras de Sade la hechicera y una simpática flor. Es una versión dramatizada, ilustrada primorosamente por Natividad Rebollar y Mariluz Parra. Una lectura interesante para niños, padres y educadores, en la que se pone en valor la creatividad. Deseamos mucha suerte a Gabriel en su andadura teatral y literaria.

Carta de despedida

A nuestro amigo Antonio Osorio González, con todo mi cariño.

Carmen Hernández Montalbán

Querido Antonio ¿Puedes escucharme?. Dicen que cuando las personas han dejado este mundo hace poco tiempo, se pasean invisibles entre nosotros para despedirse. Me has enviado una señal y quería despedirme de ti hasta que volvamos a vernos quién sabe dónde. Se que ahora mismo me estás mirando picarónamente y que sonríes, con esa expresión tan elocuente que tenían tus silencios. Eras un hombre sabio Antonio, pero antes que todo, eras un hombre bueno. Caminaste entre nosotros sin hacer demasiados aspavientos para hacerte notar, a pesar de tus dotes para la farándula, pero tu recuerdo seguirá vivo mucho tiempo.En el teatro fatalmente vacío de nuestro pueblo, las luces parpadearán en la oscuridad invitándonos a ocupar un escenario abandonado. Las butacas gritarán que la sesión no termine de este modo.
Parece que te estoy viendo compañero, zarandeándome en los ensayos para transformarme en el Don Juan de "La fénix de Salamanca". Difícil hazaña, pero no imposible. A una mujer y más, si es menuda como yo, escasamente puede crecerle la barba..., si tu tocayo Antonio Mira de Mescua nos hubiera visto...
Tenía mucho carácter Don Antonio Mira, estoy segura de que no se hubiera achicado a la hora de dar tres cuartos al pregonero, es lo que va haciendo falta en estos tiempos de tantos "Intereses Creados" y de tan mal gobierno.
Tú, como aquellos otros amigos desaparecidos, nos dejáis un gran mensaje "Que toda la vida es sueño...". Tú, que tanto nos animabas a soñar, también te has ido, honoráblemente y en silencio. Hasta luego Antonio.

Esta confusión que espanta
y esta grandeza que admira
de tanta verdad mentira,
que se celebra y se canta;
de tanto amor sin amor,
de tanta gente perdida,
de tanta bárbara vida,
de tanto gentil señor,
de tanto a pie caballero,
que se ve y se disimula,
de tanto bonete y mula,
de tanto mulo y sombrero,
de tanto ciego con vista,
de tanto sabio sin nombre...

("La fenix de Salamanca" de Antonio Mira de Mesqua

Carmen Olea en "Cuatro intentos de aproximación a la mentira"

Un título muy sugerente para la antología poética que reune las cuatro semblanzas poéticas de sus autores: Carmen Olea, Antonio Ángel del Castillo, Lola Tortosa y Rafael Núñez. Y es que la poesía es un lenguaje cifrado también para quienes la escribimos; las emociones, savia que justifica el discurso del poema se visten inevitablemente de artificio. El resultado es ese intento de aproximación a la mentira. Si el poema nos emociona, el intento será fallido...

Eso le ha ocurrido a Carmen Olea, la poetisa accitana que se deja arrastrar por el torrente de las palabras, para desembocar sin remedio en la emoción.






FESTIVOS Y TIOVIVOS

La lluvia desata agua en diagonal
silencio azul de un otoño pálido

Luces que resbalan entre los huecos del viento
miradas difusas que ya no te pertenecen
sonidos de esplendor sobre las vidrieras
y la lluvia se detiene ante el carrusel

Ahora parece como si todas las flores gritaran en violeta
Como si todas las ansias provocaran nuevos asombros
Como si todas las garras dejaran de ser sombrías
Como si los antiguos eslabones provocaran una libertad nítida
Como si este día de fiesta perdiera su sentido lineal

Y la tierra mojada...

Y el tiempo detenido...

ARTESANÍA DEL HIERRO

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LA PRIMA DE RIESGO por Javier Franco


      El escritor accitano Javier Franco gana el Certamen de relato de IDEAL con un magnífico cuento-denuncia a las situaciones de desahucio a las que se ven sometidas cientos de familias en los últimos tiempos.

El azul celeste del mar hubiera prolongado su límpido tapiz sin macula alguna hasta confundirse con el cielo, si no hubiese estado recortado por aquella urbanización, que, con sus edificios blancos, parecía el poblado árabe de un navideño Belén. Todos los edificios estaban dispuestos rodeando una piscina, que, si estuviera poblada de patos, de lavanderas y de pescadores, hubiera simulado talmente el lago del onírico pueblo palestino en el solsticio del invierno.
Los vecinos disfrutaban en las tardes veraniegas de una pacífica y amigable convivencia en derredor y en el interior de las aguas comunales, pero llegado el otoño, y aún más el invierno, la vida de cada clan familiar se recluía en su madriguera, nada había en común más que una cuenta bancaria en que todos tenían domiciliada la cuota de mantenimiento del aquel  casi independiente poblado. También existía, para muchos, otro nexo común y financiero, cual eran los préstamos hipotecarios que el promotor en su día les hubo sarcásticamente ofertado, aunque en la más cruda de las verdades prácticamente se los había impuesto. Así que, dentro de la mecánica habitual de un sistema regido por el poseer, el poseedor del capital era el lazo común entre todos; pero hubo un día en que uno de los mayores poseedores de capitales resultó ser un globo huero que explotó sus gases altamente tóxicos sobre el propio mecanismo que a él le hubo engendrado, y su onda expansiva alcanzó a otros globos a punto de reventar por la presión de sus aires nefandos, y esa onda nociva se abalanzó sobre la pequeña tribu de Juan.
Juan no había dejado de trabajar desde los diecisiete años, en que voluntariamente se prejubiló de los estudios; su padre, antes su abuelo, todos habían trabajado en la construcción, hubieron de pasar años duros, muy duros, secuelas de irracionales conflictos, sufrieron la emigración, el abandono forzado del terruño, pero, al fin, creyeron poder dar un futuro diferente y menos manual a las sucesivas generaciones. Juan rechazó el sino mágico que le depararan los sueños de su progenitor, y se hizo adicto a la droga más a la moda en su tiempo, y quizá la más perniciosa a largo plazo jamás conocida: ganar dinero rápido –mientras el sistema esbozaba sonrisas de cabo a cabo del horizonte– y almacenar caprichos, empaquetados como perentoria necesidad, en su mayor parte fútiles.
Y entonces llegó uno de esos inviernos de madriguera, sin lavanderas, patos o pescadores en el lago. Juan tenía esposa, María, y dos hijos, Juanito de seis años y Damián, que acababa de salir de la incubadora, tras un difícil y prematuro parto, quizá forzado por la tensión nerviosa de su madre, que crecía en progresión geométrica y acumulativa desde el medio año que su medio yo llevaba deambulando y suplicando un salario, con el que sostener los tabiques financieros de aquella, hasta entonces, feliz madriguera.
Fue en un día de Nochebuena, cuando ocurrió la mañana peor de su vida, y los hombres de Herodes, portando una orden pretorial del Juzgado de Instrucción nº 2, empujaron a María, a Juan y a sus dos santos inocentes fuera de la posada, y, con apenas un pequeño hato, les condenaron al camino del pesebre, mientras las restantes puertas de las celdillas de la colmena permanecían cerradas a cal y canto, entonando en su interior un villancico que hablaba de las barbas, no de san José, sino de un vecino.
En la calle, en la fría y escarchada calle del invierno más gris de la Historia, portando sus cosas en un carrito hurtado en una gran superficie, el vehículo a motor familiar tiempo ha que les fue requisado, buscaron, entre gemidos y plegarias terminadas en un mea culpa, un portal en que pasar la noche; Juanito continuamente miraba al cielo buscando una estrella que les guiase, pero todas las estrellas que dejaba otear la bruma celestial permanecían quietas y escintilantes. No hubo estrella, pero si una hoguera en el esqueleto inacabado de un edificio en construcción, de aquellos en los que Juan trabajó para que cuajasen sus raíces. Allí, los pastores venidos de todo el orbe –rumanos, eslavos, magrebíes, amerindios, subsaharianos…– les ofrecieron el calor de la lumbre de la fogata y del alma de los que nada tienen, y entre todos compartieron la nada. Para la infantil retina de Juanito, aquello no era más que un Belén viviente en el que él directamente participaba y el protagonista era su hermanito, convertido en un recién nacido mesías; el vaho que exhalaban las pituitarias de los perros merodeadores sustituía al aliento del buey y la mula, y había adoradores magos de todos los colores. Al final, para Juanito, la noche cubrió con un disfraz de fantasía la dura crudeza de la realidad, pero… ¿sobreviviría el disfraz mañana..? ¿y los próximos mañanas de su apenas estrenada vida..?
Entre tanto, cenando con los suyos, rodeado de los más sutiles manjares, engalanada su vivienda con los últimos detalles navideños que había adquirido en Harrods durante el puente de la Inmaculada, el director del departamento de préstamos hipotecarios de la central del banco que ofertó sus mejores condiciones a la antigua colmena de Juan, como a tantas moles de madrigueras, compartía con sus hijos mayores y sus consortes su acuciante preocupación por el mañana: “¿A cuánto ascenderá la prima de riesgo?”.





GENEALOGÍA