Por el grosor del polvo en los libros de una biblioteca pública puede medirse la cultura de un pueblo. John Ernst Steinbeck (1902-1968) Escritor estadounidense. Galardonado con el Premio Nobel
BUSCANDO LA MAGIA de Gabriel Medialdea
"Buscando la Magia" es un cuento del actor accitano Gabriel Medialdea, que narra las aventuras de Sade la hechicera y una simpática flor. Es una versión dramatizada, ilustrada primorosamente por Natividad Rebollar y Mariluz Parra. Una lectura interesante para niños, padres y educadores, en la que se pone en valor la creatividad. Deseamos mucha suerte a Gabriel en su andadura teatral y literaria.
Carta de despedida
A nuestro amigo Antonio Osorio González, con todo mi cariño.
Carmen Hernández Montalbán
Querido Antonio ¿Puedes escucharme?. Dicen que cuando las personas han dejado este mundo hace poco tiempo, se pasean invisibles entre nosotros para despedirse. Me has enviado una señal y quería despedirme de ti hasta que volvamos a vernos quién sabe dónde. Se que ahora mismo me estás mirando picarónamente y que sonríes, con esa expresión tan elocuente que tenían tus silencios. Eras un hombre sabio Antonio, pero antes que todo, eras un hombre bueno. Caminaste entre nosotros sin hacer demasiados aspavientos para hacerte notar, a pesar de tus dotes para la farándula, pero tu recuerdo seguirá vivo mucho tiempo.En el teatro fatalmente vacío de nuestro pueblo, las luces parpadearán en la oscuridad invitándonos a ocupar un escenario abandonado. Las butacas gritarán que la sesión no termine de este modo.
Parece que te estoy viendo compañero, zarandeándome en los ensayos para transformarme en el Don Juan de "La fénix de Salamanca". Difícil hazaña, pero no imposible. A una mujer y más, si es menuda como yo, escasamente puede crecerle la barba..., si tu tocayo Antonio Mira de Mescua nos hubiera visto...
Tenía mucho carácter Don Antonio Mira, estoy segura de que no se hubiera achicado a la hora de dar tres cuartos al pregonero, es lo que va haciendo falta en estos tiempos de tantos "Intereses Creados" y de tan mal gobierno.
Tú, como aquellos otros amigos desaparecidos, nos dejáis un gran mensaje "Que toda la vida es sueño...". Tú, que tanto nos animabas a soñar, también te has ido, honoráblemente y en silencio. Hasta luego Antonio.
Carmen Hernández Montalbán
Querido Antonio ¿Puedes escucharme?. Dicen que cuando las personas han dejado este mundo hace poco tiempo, se pasean invisibles entre nosotros para despedirse. Me has enviado una señal y quería despedirme de ti hasta que volvamos a vernos quién sabe dónde. Se que ahora mismo me estás mirando picarónamente y que sonríes, con esa expresión tan elocuente que tenían tus silencios. Eras un hombre sabio Antonio, pero antes que todo, eras un hombre bueno. Caminaste entre nosotros sin hacer demasiados aspavientos para hacerte notar, a pesar de tus dotes para la farándula, pero tu recuerdo seguirá vivo mucho tiempo.En el teatro fatalmente vacío de nuestro pueblo, las luces parpadearán en la oscuridad invitándonos a ocupar un escenario abandonado. Las butacas gritarán que la sesión no termine de este modo.
Parece que te estoy viendo compañero, zarandeándome en los ensayos para transformarme en el Don Juan de "La fénix de Salamanca". Difícil hazaña, pero no imposible. A una mujer y más, si es menuda como yo, escasamente puede crecerle la barba..., si tu tocayo Antonio Mira de Mescua nos hubiera visto...
Tenía mucho carácter Don Antonio Mira, estoy segura de que no se hubiera achicado a la hora de dar tres cuartos al pregonero, es lo que va haciendo falta en estos tiempos de tantos "Intereses Creados" y de tan mal gobierno.
Tú, como aquellos otros amigos desaparecidos, nos dejáis un gran mensaje "Que toda la vida es sueño...". Tú, que tanto nos animabas a soñar, también te has ido, honoráblemente y en silencio. Hasta luego Antonio.
Esta confusión que espanta
y esta grandeza que admira
de tanta verdad mentira,
que se celebra y se canta;
de tanto amor sin amor,
de tanta gente perdida,
de tanta bárbara vida,
de tanta bárbara vida,
de tanto gentil señor,
de tanto a pie caballero,
que se ve y se disimula,
de tanto bonete y mula,
de tanto mulo y sombrero,
de tanto ciego con vista,
de tanto sabio sin nombre...
("La fenix de Salamanca" de Antonio Mira de Mesqua
Carmen Olea en "Cuatro intentos de aproximación a la mentira"
Un título muy sugerente para la antología poética que reune las cuatro semblanzas poéticas de sus autores: Carmen Olea, Antonio Ángel del Castillo, Lola Tortosa y Rafael Núñez. Y es que la poesía es un lenguaje cifrado también para quienes la escribimos; las emociones, savia que justifica el discurso del poema se visten inevitablemente de artificio. El resultado es ese intento de aproximación a la mentira. Si el poema nos emociona, el intento será fallido...
Eso le ha ocurrido a Carmen Olea, la poetisa accitana que se deja arrastrar por el torrente de las palabras, para desembocar sin remedio en la emoción.
FESTIVOS Y TIOVIVOS
La lluvia desata agua en diagonal
silencio azul de un otoño pálido
Luces que resbalan entre los huecos del viento
miradas difusas que ya no te pertenecen
sonidos de esplendor sobre las vidrieras
y la lluvia se detiene ante el carrusel
Ahora parece como si todas las flores gritaran en violeta
Como si todas las ansias provocaran nuevos asombros
Como si todas las garras dejaran de ser sombrías
Como si los antiguos eslabones provocaran una libertad nítida
Como si este día de fiesta perdiera su sentido lineal
Y la tierra mojada...
Y el tiempo detenido...
Eso le ha ocurrido a Carmen Olea, la poetisa accitana que se deja arrastrar por el torrente de las palabras, para desembocar sin remedio en la emoción.
FESTIVOS Y TIOVIVOS
La lluvia desata agua en diagonal
silencio azul de un otoño pálido
Luces que resbalan entre los huecos del viento
miradas difusas que ya no te pertenecen
sonidos de esplendor sobre las vidrieras
y la lluvia se detiene ante el carrusel
Ahora parece como si todas las flores gritaran en violeta
Como si todas las ansias provocaran nuevos asombros
Como si todas las garras dejaran de ser sombrías
Como si los antiguos eslabones provocaran una libertad nítida
Como si este día de fiesta perdiera su sentido lineal
Y la tierra mojada...
Y el tiempo detenido...
ARTESANÍA DEL HIERRO
LA PRIMA DE RIESGO por Javier Franco
El escritor accitano Javier Franco gana el Certamen de relato de IDEAL con un magnífico cuento-denuncia a las situaciones de desahucio a las que se ven sometidas cientos de familias en los últimos tiempos.
El azul celeste del mar hubiera prolongado su
límpido tapiz sin macula alguna hasta confundirse con el cielo, si no hubiese
estado recortado por aquella urbanización, que, con sus edificios blancos,
parecía el poblado árabe de un navideño Belén. Todos los edificios estaban
dispuestos rodeando una piscina, que, si estuviera poblada de patos, de
lavanderas y de pescadores, hubiera simulado talmente el lago del onírico
pueblo palestino en el solsticio del invierno.
Los
vecinos disfrutaban en las tardes veraniegas de una pacífica y amigable
convivencia en derredor y en el interior de las aguas comunales, pero llegado
el otoño, y aún más el invierno, la vida de cada clan familiar se recluía en su
madriguera, nada había en común más que una cuenta bancaria en que todos tenían
domiciliada la cuota de mantenimiento del aquel
casi independiente poblado. También existía, para muchos, otro nexo
común y financiero, cual eran los préstamos hipotecarios que el promotor en su
día les hubo sarcásticamente ofertado, aunque en la más cruda de las verdades
prácticamente se los había impuesto. Así que, dentro de la mecánica habitual de
un sistema regido por el poseer, el poseedor del capital era el lazo común
entre todos; pero hubo un día en que uno de los mayores poseedores de capitales
resultó ser un globo huero que explotó sus gases altamente tóxicos sobre el
propio mecanismo que a él le hubo engendrado, y su onda expansiva alcanzó a otros
globos a punto de reventar por la presión de sus aires nefandos, y esa onda
nociva se abalanzó sobre la pequeña tribu de Juan.
Juan
no había dejado de trabajar desde los diecisiete años, en que voluntariamente
se prejubiló de los estudios; su padre, antes su abuelo, todos habían trabajado
en la construcción, hubieron de pasar años duros, muy duros, secuelas de
irracionales conflictos, sufrieron la emigración, el abandono forzado del
terruño, pero, al fin, creyeron poder dar un futuro diferente y menos manual a
las sucesivas generaciones. Juan rechazó el sino mágico que le depararan los
sueños de su progenitor, y se hizo adicto a la droga más a la moda en su
tiempo, y quizá la más perniciosa a largo plazo jamás conocida: ganar dinero
rápido –mientras el sistema esbozaba sonrisas de cabo a cabo del horizonte– y almacenar
caprichos, empaquetados como perentoria necesidad, en su mayor parte fútiles.
Y
entonces llegó uno de esos inviernos de madriguera, sin lavanderas, patos o
pescadores en el lago. Juan tenía esposa, María, y dos hijos, Juanito de seis
años y Damián, que acababa de salir de la incubadora, tras un difícil y
prematuro parto, quizá forzado por la tensión nerviosa de su madre, que crecía
en progresión geométrica y acumulativa desde el medio año que su medio yo
llevaba deambulando y suplicando un salario, con el que sostener los tabiques
financieros de aquella, hasta entonces, feliz madriguera.
Fue
en un día de Nochebuena, cuando ocurrió la mañana peor de su vida, y los
hombres de Herodes, portando una orden pretorial del Juzgado de Instrucción nº
2, empujaron a María, a Juan y a sus dos santos inocentes fuera de la posada, y,
con apenas un pequeño hato, les condenaron al camino del pesebre, mientras las
restantes puertas de las celdillas de la colmena permanecían cerradas a cal y
canto, entonando en su interior un villancico que hablaba de las barbas, no de
san José, sino de un vecino.
En
la calle, en la fría y escarchada calle del invierno más gris de la Historia , portando sus
cosas en un carrito hurtado en una gran superficie, el vehículo a motor
familiar tiempo ha que les fue requisado, buscaron, entre gemidos y plegarias
terminadas en un mea culpa, un portal en que pasar la noche; Juanito
continuamente miraba al cielo buscando una estrella que les guiase, pero todas
las estrellas que dejaba otear la bruma celestial permanecían quietas y
escintilantes. No hubo estrella, pero si una hoguera en el esqueleto inacabado
de un edificio en construcción, de aquellos en los que Juan trabajó para que
cuajasen sus raíces. Allí, los pastores venidos de todo el orbe –rumanos, eslavos,
magrebíes, amerindios, subsaharianos…– les ofrecieron el calor de la lumbre de
la fogata y del alma de los que nada tienen, y entre todos compartieron la
nada. Para la infantil retina de Juanito, aquello no era más que un Belén
viviente en el que él directamente participaba y el protagonista era su
hermanito, convertido en un recién nacido mesías; el vaho que exhalaban las
pituitarias de los perros merodeadores sustituía al aliento del buey y la mula,
y había adoradores magos de todos los colores. Al final, para Juanito, la noche
cubrió con un disfraz de fantasía la dura crudeza de la realidad, pero…
¿sobreviviría el disfraz mañana..? ¿y los próximos mañanas de su apenas
estrenada vida..?
Entre
tanto, cenando con los suyos, rodeado de los más sutiles manjares, engalanada
su vivienda con los últimos detalles navideños que había adquirido en Harrods durante
el puente de la Inmaculada ,
el director del departamento de préstamos hipotecarios de la central del banco
que ofertó sus mejores condiciones a la antigua colmena de Juan, como a tantas
moles de madrigueras, compartía con sus hijos mayores y sus consortes su
acuciante preocupación por el mañana: “¿A cuánto ascenderá la prima de
riesgo?”.
LA FAMILIA ACCITANA “ALHAMA Y TEBA” LOS SOMBREREROS GRANADINOS
Tanto mi profesión como mi pasión por la genealogía y la
historia local, me conducen a sumergirme en los archivos, bibliotecas,
hemerotecas, bases de datos, cualquier tipo de fuente de información. Pero es
este segundo motivo; mi curiosidad por la investigación documental, la que más
me llena de satisfacción y me impulsa a seguirle la pista a personajes y sucesos que son como un puzle más o menos
complicado de construir, cuyas piezas van encajando con el hallazgo de cada
nuevo dato.
Hace unas tres semanas, estando en el Archivo Diocesano de
Guadix, conocía a Enrique Alhama Amador y a Merche, su esposa. Enrique, como
tantos otros usuarios que visitan el Archivo venía buscando antepasados (el
matrimonio reside en Madrid). Me pidió que le ayudara a encontrar el bautismo
de su bisabuelo Antonio Alhama Teba, nacido en Guadix en el año 1839, pero
lamentablemente no se conservaban las partidas de un intervalo de años.
Probamos suerte con el hermano de su bisabuelo, José Alhama Teba en los rollos
de microfilms de los libros parroquiales. Allí estaba, casi instantáneamente,
al localizar el año y la Parroquia de Santiago en el catálogo, de forma casi
prodigiosa detuvimos el rollo y la partida apareció ante nuestros ojos.
“José María de los Santos, hijo de Manuel Alhama, natural de
Montoro (Córdoba) y de Rita de Teba,
natural de Chinchilla (Albacete). Nacido
el día primero de noviembre de 1825”.
La alegría de Enrique fue enorme, enseguida comenzó a
contarme detalles de la vida de este curioso personaje que fue su tío
bisabuelo, paisano nuestro, que yo he ido completando con el descubrimiento de
más información.
José Alhama Teba y su hermano Antonio nacieron en Guadix, en
el mismo Guadix romántico de nuestro Pedro Antonio de Alarcón. Ocho años mayor
que el escritor, José tal vez durante su infancia y juventud debió conocer a
nuestro Perico Alarcón, al menos cruzarse en alguna calle con él, o compartir
estudios primarios con Torcuato Tárrago, el otro novelista ¿Quién sabe si
también pudieran ser amigos…?
Tampoco conocemos los motivos por los cuales sus padres,
foráneos, llegaron al Guadix decimonónico. Sí podemos conjeturar que siendo sus
hijos sombrereros al correr el tiempo, fuera esta también la profesión del
padre: Don Manuel Alhama Lara, natural de Montoro (Córdoba), pues en un anuncio
publicitario en el periódico El defensor granadino, dice que eran especialistas
en sombreros cordobeses y porque Madoz, en su Diccionario Estadístico e
histórico de los pueblos de España dice de Guadix: “Hay un gran número de
personas dedicadas a la fabricación de alpargatas, zapatos, obras de alfar y
sombreros…”.
Cuando José contaba con veintidós años, un suceso marcó su
juventud, fue encausado en el asesinato de un tal Juan Ortiz y por ofensas a su
hermano Nicolás, condenado a Cuatro años de prisión por el Juzgado de Primera
Instancia e Instrucción de Guadix. No he podido averiguar nada más al respecto
debido al mal estado en que se hallan los archivos judiciales. Sí hemos podido
saber que ambos hermanos se afincaron en Granada con su madre, Doña Rita de
Teba y Cruzado ya viuda y que José vivió en el número 1 de la Calle Zacatín,
cerca del negocio de sombreros que estaba en el número 44 de la misma calle.
Después de cumplir la pena, José conoció a Don Francisco de
Paula Ruet, pastor catalán, que lo inició en el conocimiento de la Iglesia
Evangélica protestante. Dicen de José Alhama que tenía una personalidad
desbordante y arrolladora, de aspecto algo tosco y robusto. Muy pronto se
convirtió en el líder de los protestantes granadinos, comenzando a predicar el
Evangelio en el mercado de Granada.
En 1860 la policía registró su casa y le incautó
documentación en la que constaban los nombres y apellidos de varios
protestantes granadinos. El juez los procesó a todos por tendencia a la
propagación de ideas democráticas y antirreligiosas. La Audiencia Provincial de
Granada condenó al malagueño Matamoros y a José Alhama a ocho años de prisión
por delitos de apostasía pública y tentativa contra la religión católica.
He podido localizar algunas noticias en la prensa de la
época. En El Clamor público: periódico del partido liberal, aparece la noticia
de la detención de Alhama y de otras personas entre las que se encontraban
familiares como su madre, Rita de Teba y su esposa, Piedad de Montes y Segura,
natural de Guadix, como implicados en las revueltas de Loja. El proceso tuvo un
eco internacional bastante importante que ejerció presión sobre el gobierno de
Isabel II, finalmente se les conmutó la pena de prisión por la de destierro. Se
exiliaron a Gibraltar, donde José estableció una sombrerería.
José Alhama, demócrata y republicano, en el período demócrata
fue elegido Concejal del Ayuntamiento de Granada. También fue masón, al igual
que su hermano Antonio. Hay constancia
de que José fue miembro de la logia “Lux in Excelsis” con el nombre simbólico
de Mazzini: ideólogo de la unificación italiana. Antonio Alhama perteneció a la
misma logia con el seudónimo de Favila, donde ejerció como limosnero con el
grado 3. Otro miembro de la familia: José Alhama Herrera, hijo de Antonio,
también fue sombrerero y masón, con el nombre de Zorrilla.
José Alhama Teba Murió en Granada el 5 de abril de 1892 y
sepultado en el cementerio civil, mas tarde sus restos se trasladaron de forma
clandestina al cementerio católico. Tuvo al menos dos hijos que aparecen en la
foto familiar. Uno de ellos fue Manuel Alhama y Montes, educado en Inglaterra y
Francia, al igual que su hermana.
Guadix vio nacer a esta familia: hombres apasionados,
emprendedores, luchadores y de una amplia cultura, dotados de un gran espíritu
crítico. Ese espíritu que hace a los hombres libres, capaces de transformar la
sociedad que los rodea.
Carmen Hernández Montalbán
Lyrica 75 de María Pizarro
Me ha llegado el libro Lyrica 75 de María Pizarro, la poetisa cordobesa de Conquista. El título del poemario es una alegoría de la experiencia vital y anímica de la autora. Un recurso donde el dolor se disuelve en el caudal apasionado de sus versos. ¡Qué acertado este título!.
La poesía de María es palabra que fluye del alma, es el aguijón de una abeja suicida que no logramos esquivar, porque es tan humana y despojada de perifollos retóricos que de una forma natural logra conmovernos. ¿No es la poesía la música del corazón expresada con palabras?.
Poemas que no son domesticables
que no se tragan
si bien no los masticas.
El león dispuesto a romper
la vanidad del metal
que lo aprisiona.
La libertad de la herida
de cerrarse o abrirse.
Los desiertos que sobreviven
en el corazón de los hombres.
El mar, suficiente para reír
los ojos de un niño.
( María Pizarro Lírica 75)
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