Mi corazón no puede con la noche del mundo, por DORA HERNÁNDEZ MONTALBÁN



La violencia del mundo me arroja a la cárcel de los peces,
a las profundidades de la sal.
El corazón no puede con tanto fusil,
ni con el silencio de los muertos.
No puede con la sutileza de la tiranía,
ni con el estado de sitio.
Sin embargo, ha de haber otro horizonte posible,
y los héroes han de saber por dónde queda.
La mujer africana, ha de saberlo,
cuando disfraza la muerte
con ropas de vivos colores,
cuando amamanta a sus hijos
con las ubres secas,
cuando prolonga en su delgadez
cual jirafa humana, intentando alcanzar
el ansiado cielo de la abundancia.
Despavorida por el miedo a desvanecerse súbitamente,
y únicamente erguida por la férrea voluntad de sobrevivir.
Ellos deben saberlo, aquellos a quienes ni Dios ampara,
los que se desvanecen sobre la tierra
y a pesar de la misma tierra, vuelven a levantarse,
Pegajosas moscas, pozos secos,
señorean la injusticia del hambre.
El corazón no puede con la noche del mundo,
ni con el miedo de alquitrán.
No puede con el frío de los cuerpos convulsos
por la intemperie del mar,
ni con el insondable misterio de los ojos africanos.
El corazón no conoce mayor violencia
que la indiferencia del ser humano ante el sufrimiento de otro ser.

Esta soledad, por CARMEN HERNÁNDEZ MONTALBÁN


Esta soledad que gira como una ruleta,
circular,
concéntrica,
cerrada.
Esta soledad...
Como un girasol seco el corazón clama,
mientras contempla un campo de amapolas.
Pasan las nubes ignorantes,
los pájaros invisibles ante la cruz oxidada de esa iglesia.
Esta soledad,
mendiga de besos,
escarabajo de un páramo sin ternura.
Esta soledad...
Caracol fosilizado,
saco sin fondo,
tronco hueco.
Esta soledad,
arrasada de lágrimas ante una sonrisa.

La espera, por CARMEN HERNÁNDEZ MONTALBÁN



Aquí estoy a la espera 
del cortejo de las horas.

Y no tengo otra opción 
que el acecho de las horas.

Ellas pasan transparentes y sabias,
como ancianas que a mis sentidos se visten 
de blanco.

El tiempo perdido, 
recojo en vasijas, guardo.

Pasan para la eternidad,
viejan en un globo invisible
que al tacto se rompiera y se enredan
en mis manos, y yo esparzo.

La promesa del aceite, por CARMEN HERNÁNDEZ MONTALBÁN

Foto de Jorge Pastor Sánchez

En tus manos cuarteadas, 
como el tronco del olivo,
la promesa del aceite,
duerme en el fruto cautiva.

Todos los amaneceres,
devastados por el frío,
traerán un nuevo sol,
pues el oro centenario ungirá tu sacrificio

Sortilegio de la Alhambra, por DORA HERNÁNDEZ MONTALBÁN



Por el misterio insondable, oculto
y la tierra roja doblemente ungida,
sobre el corazón del agua en huida,
tras el camino del arrayán más alto.

Por la clarividencia del instinto
y el rumor de la piedra devastada, 
erigirás un palacio en Granada,
espejo del cielo, delirio exacto.

Allí el ocaso de la luz turquesa,
invadirá celosías y balcones,
la palabra Alláh quedará impresa.

Llave y mano: hermética promesa,
enigma que descifrarán los halcones
tras el vapor de la niebla que no cesa.

La música, por CARMEN HERNÁNDEZ MONTALBÁN


Lenguaje de sonido y armonía,
que del alma emerges y al espíritu retornas,
trenzando el silencio con las horas,
sobre un camino de viento,
la melodía se desliza.

El eco del universo,
multiplica sus notas cristalinas,
y en la caja del pecho,
el ritmo de un latido cobra forma.

La música nutre los sentidos,
hace vibrar los cuerpos,
estimula el movimiento.

La música,
catarsis de emoción,
matemática liberadora,
simetría onírica de los recuerdos,
piedra angular de la memoria.



ELLOS DECIDEN POR NOSOTROS



Aquí estamos, perdidos en la guerra de la cifras.
Ellos juegan con nosotros a los naipes,
cortando la baraja siempre por el más débil.

Hablan de nosotros sin nosotros,
se apropian de nuestro silencio,
secuestran nuestro presente
y a golpe de incertidumbre,
subastan nuestro futuro.

No somos, son.
Ellos deciden por nosotros,
alimentan nuestra esperanza con cucharadas de mentira.

Su codicia desgarra nuestra dignidad,
condenando al orbe a la miseria.

No podemos verlos pero están ahí,
tan sólo son unos cuantos pero deciden por todos.

Engullen vidas e ilusiones
con el hambre voraz de una legión de caníbales.

GENEALOGÍA