"Cuevas de Guadix: la memoria de un paisaje" de Antonio López Marcos


     Muy acertado el título del libro "Cuevas de Guadix: memoria de un paisaje". Un trabajo que ha surgido del GDR (Grupo de Desarrollo Rural) de la Comarca de Guadix, de la mano del arqueólogo Antonio López Marcos, con la colaboración del fotógrafo Torcuato Fandila García de los Reyes. López Marcos nos presenta el recorrido histórico de este hábitat accitano tan peculiar, que ha llamado tan poderosamente la atención de viajeros y turistas desde el siglo IX hasta el XX. En esta publicación se recogen algunos testimonios de viajeros ingleses y franceses del siglo XIX que pasaron por aquí y que escribieron las crónicas de sus viajes. Además nos encontramos con una colección gráfica de grabados, pinturas, postales, fotos y artículos de prensa antiguos, de autores locales y extranjeros; ilustraciones fascinantes, a través de las que podemos viajar en el tiempo y conocer detalles de la vida de sus pobladores: sus costumbres, indumentaria, en resumen, su forma de vida.      Podemos ver el paisaje trasformarse a lo largo del tiempo sin perder jamás la singularidad que lo caracteriza, la importancia que ha tenido y siguen teniendo las cuevas como patrimonio histórico de Guadix, ese laberinto persuasivo, memoria de un tiempo perdido e increible que nos identifica como pueblo.
 
Gracias Antonio.
 
Carmen Hernández Montalbán

CHOCOLATE


 

Esta tarde comí chocolate, ese dulce mágico que se funde en el paladar y se desliza por la lengua hasta asomarse al borde de los labios. Comí chocolate e imaginé tus caricias con glotonería. Allí parada, veía mi imagen insinuarse en los cristales del escaparate en la pastelería. Transportada de deseo, las golosinas se sonrojaban cómplices de mis fantasías. Saboreaba su textura suave, su ligero picor transformarse en dulzor insolente y delicioso. Sentía el placer ascender desde el vientre a la punta de los senos. Estabas allí, lo supe cuando abrí los ojos y vi mi sonrisa reflejada, saciada imaginariamente de tus besos.


Carmen Hernández Montalbán

El espejo de Nostradamus de Jose Luis Raya Pérez


No hace mucho salió del horno de la imprenta la novela de José Luis Raya, nacido en Guadix y residente en Fuengirola, donde trabaja como profesor de Lengua y literatura. Cuando la vi en el escaparate de una de nuestras librerías, la novela me impactó por su portada original y especialmente por el sugerente título “El espejo de Nostradamus”. Dado los tiempos que corren, pensé que el argumento giraba en torno a la crisis, o mejor será decir a la estafa que el capitalismo salvaje está cerniendo sobre la ciudadanía. Rascando un poco mi desahuciado bolsillo acerté a reunir los diez euros que cuesta la novela. Debo decir que fue un dinero bien invertido debido a los buenos momentos de risas, carcajadas y sorpresas agradables que me proporcionó su lectura, escrita con un desenfadado estilo directo. Después vi que se trataba de las venturas y desventuras de un matrimonio, el de Pepe y Carmen que también está en crisis, pero en una crisis sentimental. Tenía curiosidad por algunas cuestiones que Pepe, el autor, ha sido muy amable en responder. ¡Mucha suerte paisano!.
1 ¿Por qué El espejo de Nostradamus, cómo nació la novela?
- Se desarrolló a partir de uno de mis relato titulado "Un matrimonio corriente", el cual tenía muchas posibilidades para poder desarrolllarse como novela.

2 ¿Qué hay del protagonista en el autor (tú).
- Nada.Los protagonistas están insipirados en unos personajes reales que conocí hace mucho tiempo en Motril.

3 ¿Has ensayado algún discurso en el espejo?
- Nunca. Cuando me miro al espejo me doy miedo.

4¿Qué proyectos literarios tienes entre manos?
- Cada semana escribo artículos para la prensa, muchos de ellos los tengo en mi blog, también cuelgo algunos relatos. He empezado una nueva novela que lleva el título provisional de "Ratas como nosotros" o también podría ser "Diez años de felicidad", ya veré... Últimamente estaba ninguneado la ingente cantidad de novelas y películas inspiradas en la Guerra Civil y mira tú por dónde ésta se desarrolla en esa época; pero la mía, como siempre, es totalmente diferente a las demás (jejeje)
5  No me cabe duda.

BUSCANDO LA MAGIA de Gabriel Medialdea

"Buscando la Magia" es un cuento del actor accitano Gabriel Medialdea, que narra las aventuras de Sade la hechicera y una simpática flor. Es una versión dramatizada, ilustrada primorosamente por Natividad Rebollar y Mariluz Parra. Una lectura interesante para niños, padres y educadores, en la que se pone en valor la creatividad. Deseamos mucha suerte a Gabriel en su andadura teatral y literaria.

Carta de despedida

A nuestro amigo Antonio Osorio González, con todo mi cariño.

Carmen Hernández Montalbán

Querido Antonio ¿Puedes escucharme?. Dicen que cuando las personas han dejado este mundo hace poco tiempo, se pasean invisibles entre nosotros para despedirse. Me has enviado una señal y quería despedirme de ti hasta que volvamos a vernos quién sabe dónde. Se que ahora mismo me estás mirando picarónamente y que sonríes, con esa expresión tan elocuente que tenían tus silencios. Eras un hombre sabio Antonio, pero antes que todo, eras un hombre bueno. Caminaste entre nosotros sin hacer demasiados aspavientos para hacerte notar, a pesar de tus dotes para la farándula, pero tu recuerdo seguirá vivo mucho tiempo.En el teatro fatalmente vacío de nuestro pueblo, las luces parpadearán en la oscuridad invitándonos a ocupar un escenario abandonado. Las butacas gritarán que la sesión no termine de este modo.
Parece que te estoy viendo compañero, zarandeándome en los ensayos para transformarme en el Don Juan de "La fénix de Salamanca". Difícil hazaña, pero no imposible. A una mujer y más, si es menuda como yo, escasamente puede crecerle la barba..., si tu tocayo Antonio Mira de Mescua nos hubiera visto...
Tenía mucho carácter Don Antonio Mira, estoy segura de que no se hubiera achicado a la hora de dar tres cuartos al pregonero, es lo que va haciendo falta en estos tiempos de tantos "Intereses Creados" y de tan mal gobierno.
Tú, como aquellos otros amigos desaparecidos, nos dejáis un gran mensaje "Que toda la vida es sueño...". Tú, que tanto nos animabas a soñar, también te has ido, honoráblemente y en silencio. Hasta luego Antonio.

Esta confusión que espanta
y esta grandeza que admira
de tanta verdad mentira,
que se celebra y se canta;
de tanto amor sin amor,
de tanta gente perdida,
de tanta bárbara vida,
de tanto gentil señor,
de tanto a pie caballero,
que se ve y se disimula,
de tanto bonete y mula,
de tanto mulo y sombrero,
de tanto ciego con vista,
de tanto sabio sin nombre...

("La fenix de Salamanca" de Antonio Mira de Mesqua

Carmen Olea en "Cuatro intentos de aproximación a la mentira"

Un título muy sugerente para la antología poética que reune las cuatro semblanzas poéticas de sus autores: Carmen Olea, Antonio Ángel del Castillo, Lola Tortosa y Rafael Núñez. Y es que la poesía es un lenguaje cifrado también para quienes la escribimos; las emociones, savia que justifica el discurso del poema se visten inevitablemente de artificio. El resultado es ese intento de aproximación a la mentira. Si el poema nos emociona, el intento será fallido...

Eso le ha ocurrido a Carmen Olea, la poetisa accitana que se deja arrastrar por el torrente de las palabras, para desembocar sin remedio en la emoción.






FESTIVOS Y TIOVIVOS

La lluvia desata agua en diagonal
silencio azul de un otoño pálido

Luces que resbalan entre los huecos del viento
miradas difusas que ya no te pertenecen
sonidos de esplendor sobre las vidrieras
y la lluvia se detiene ante el carrusel

Ahora parece como si todas las flores gritaran en violeta
Como si todas las ansias provocaran nuevos asombros
Como si todas las garras dejaran de ser sombrías
Como si los antiguos eslabones provocaran una libertad nítida
Como si este día de fiesta perdiera su sentido lineal

Y la tierra mojada...

Y el tiempo detenido...

ARTESANÍA DEL HIERRO

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LA PRIMA DE RIESGO por Javier Franco


      El escritor accitano Javier Franco gana el Certamen de relato de IDEAL con un magnífico cuento-denuncia a las situaciones de desahucio a las que se ven sometidas cientos de familias en los últimos tiempos.

El azul celeste del mar hubiera prolongado su límpido tapiz sin macula alguna hasta confundirse con el cielo, si no hubiese estado recortado por aquella urbanización, que, con sus edificios blancos, parecía el poblado árabe de un navideño Belén. Todos los edificios estaban dispuestos rodeando una piscina, que, si estuviera poblada de patos, de lavanderas y de pescadores, hubiera simulado talmente el lago del onírico pueblo palestino en el solsticio del invierno.
Los vecinos disfrutaban en las tardes veraniegas de una pacífica y amigable convivencia en derredor y en el interior de las aguas comunales, pero llegado el otoño, y aún más el invierno, la vida de cada clan familiar se recluía en su madriguera, nada había en común más que una cuenta bancaria en que todos tenían domiciliada la cuota de mantenimiento del aquel  casi independiente poblado. También existía, para muchos, otro nexo común y financiero, cual eran los préstamos hipotecarios que el promotor en su día les hubo sarcásticamente ofertado, aunque en la más cruda de las verdades prácticamente se los había impuesto. Así que, dentro de la mecánica habitual de un sistema regido por el poseer, el poseedor del capital era el lazo común entre todos; pero hubo un día en que uno de los mayores poseedores de capitales resultó ser un globo huero que explotó sus gases altamente tóxicos sobre el propio mecanismo que a él le hubo engendrado, y su onda expansiva alcanzó a otros globos a punto de reventar por la presión de sus aires nefandos, y esa onda nociva se abalanzó sobre la pequeña tribu de Juan.
Juan no había dejado de trabajar desde los diecisiete años, en que voluntariamente se prejubiló de los estudios; su padre, antes su abuelo, todos habían trabajado en la construcción, hubieron de pasar años duros, muy duros, secuelas de irracionales conflictos, sufrieron la emigración, el abandono forzado del terruño, pero, al fin, creyeron poder dar un futuro diferente y menos manual a las sucesivas generaciones. Juan rechazó el sino mágico que le depararan los sueños de su progenitor, y se hizo adicto a la droga más a la moda en su tiempo, y quizá la más perniciosa a largo plazo jamás conocida: ganar dinero rápido –mientras el sistema esbozaba sonrisas de cabo a cabo del horizonte– y almacenar caprichos, empaquetados como perentoria necesidad, en su mayor parte fútiles.
Y entonces llegó uno de esos inviernos de madriguera, sin lavanderas, patos o pescadores en el lago. Juan tenía esposa, María, y dos hijos, Juanito de seis años y Damián, que acababa de salir de la incubadora, tras un difícil y prematuro parto, quizá forzado por la tensión nerviosa de su madre, que crecía en progresión geométrica y acumulativa desde el medio año que su medio yo llevaba deambulando y suplicando un salario, con el que sostener los tabiques financieros de aquella, hasta entonces, feliz madriguera.
Fue en un día de Nochebuena, cuando ocurrió la mañana peor de su vida, y los hombres de Herodes, portando una orden pretorial del Juzgado de Instrucción nº 2, empujaron a María, a Juan y a sus dos santos inocentes fuera de la posada, y, con apenas un pequeño hato, les condenaron al camino del pesebre, mientras las restantes puertas de las celdillas de la colmena permanecían cerradas a cal y canto, entonando en su interior un villancico que hablaba de las barbas, no de san José, sino de un vecino.
En la calle, en la fría y escarchada calle del invierno más gris de la Historia, portando sus cosas en un carrito hurtado en una gran superficie, el vehículo a motor familiar tiempo ha que les fue requisado, buscaron, entre gemidos y plegarias terminadas en un mea culpa, un portal en que pasar la noche; Juanito continuamente miraba al cielo buscando una estrella que les guiase, pero todas las estrellas que dejaba otear la bruma celestial permanecían quietas y escintilantes. No hubo estrella, pero si una hoguera en el esqueleto inacabado de un edificio en construcción, de aquellos en los que Juan trabajó para que cuajasen sus raíces. Allí, los pastores venidos de todo el orbe –rumanos, eslavos, magrebíes, amerindios, subsaharianos…– les ofrecieron el calor de la lumbre de la fogata y del alma de los que nada tienen, y entre todos compartieron la nada. Para la infantil retina de Juanito, aquello no era más que un Belén viviente en el que él directamente participaba y el protagonista era su hermanito, convertido en un recién nacido mesías; el vaho que exhalaban las pituitarias de los perros merodeadores sustituía al aliento del buey y la mula, y había adoradores magos de todos los colores. Al final, para Juanito, la noche cubrió con un disfraz de fantasía la dura crudeza de la realidad, pero… ¿sobreviviría el disfraz mañana..? ¿y los próximos mañanas de su apenas estrenada vida..?
Entre tanto, cenando con los suyos, rodeado de los más sutiles manjares, engalanada su vivienda con los últimos detalles navideños que había adquirido en Harrods durante el puente de la Inmaculada, el director del departamento de préstamos hipotecarios de la central del banco que ofertó sus mejores condiciones a la antigua colmena de Juan, como a tantas moles de madrigueras, compartía con sus hijos mayores y sus consortes su acuciante preocupación por el mañana: “¿A cuánto ascenderá la prima de riesgo?”.





LA FAMILIA ACCITANA “ALHAMA Y TEBA” LOS SOMBREREROS GRANADINOS


     Tanto mi profesión como mi pasión por la genealogía y la historia local, me conducen a sumergirme en los archivos, bibliotecas, hemerotecas, bases de datos, cualquier tipo de fuente de información. Pero es este segundo motivo; mi curiosidad por la investigación documental, la que más me llena de satisfacción y me impulsa a seguirle la pista a personajes  y sucesos que son como un puzle más o menos complicado de construir, cuyas piezas van encajando con el hallazgo de cada nuevo dato.

Hace unas tres semanas, estando en el Archivo Diocesano de Guadix, conocía a Enrique Alhama Amador y a Merche, su esposa. Enrique, como tantos otros usuarios que visitan el Archivo venía buscando antepasados (el matrimonio reside en Madrid). Me pidió que le ayudara a encontrar el bautismo de su bisabuelo Antonio Alhama Teba, nacido en Guadix en el año 1839, pero lamentablemente no se conservaban las partidas de un intervalo de años. Probamos suerte con el hermano de su bisabuelo, José Alhama Teba en los rollos de microfilms de los libros parroquiales. Allí estaba, casi instantáneamente, al localizar el año y la Parroquia de Santiago en el catálogo, de forma casi prodigiosa detuvimos el rollo y la partida apareció ante nuestros ojos.
“José María de los Santos, hijo de Manuel Alhama, natural de Montoro (Córdoba)  y de Rita de Teba, natural de Chinchilla (Albacete).  Nacido el día primero de noviembre de 1825”.
La alegría de Enrique fue enorme, enseguida comenzó a contarme detalles de la vida de este curioso personaje que fue su tío bisabuelo, paisano nuestro, que yo he ido completando con el descubrimiento de más información.
José Alhama Teba y su hermano Antonio nacieron en Guadix, en el mismo Guadix romántico de nuestro Pedro Antonio de Alarcón. Ocho años mayor que el escritor, José tal vez durante su infancia y juventud debió conocer a nuestro Perico Alarcón, al menos cruzarse en alguna calle con él, o compartir estudios primarios con Torcuato Tárrago, el otro novelista ¿Quién sabe si también pudieran ser amigos…?
Tampoco conocemos los motivos por los cuales sus padres, foráneos, llegaron al Guadix decimonónico. Sí podemos conjeturar que siendo sus hijos sombrereros al correr el tiempo, fuera esta también la profesión del padre: Don Manuel Alhama Lara, natural de Montoro (Córdoba), pues en un anuncio publicitario en el periódico El defensor granadino, dice que eran especialistas en sombreros cordobeses y porque Madoz, en su Diccionario Estadístico e histórico de los pueblos de España dice de Guadix: “Hay un gran número de personas dedicadas a la fabricación de alpargatas, zapatos, obras de alfar y sombreros…”.
Cuando José contaba con veintidós años, un suceso marcó su juventud, fue encausado en el asesinato de un tal Juan Ortiz y por ofensas a su hermano Nicolás, condenado a Cuatro años de prisión por el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción de Guadix. No he podido averiguar nada más al respecto debido al mal estado en que se hallan los archivos judiciales. Sí hemos podido saber que ambos hermanos se afincaron en Granada con su madre, Doña Rita de Teba y Cruzado ya viuda y que José vivió en el número 1 de la Calle Zacatín, cerca del negocio de sombreros que estaba en el número 44 de la misma calle.
Después de cumplir la pena, José conoció a Don Francisco de Paula Ruet, pastor catalán, que lo inició en el conocimiento de la Iglesia Evangélica protestante. Dicen de José Alhama que tenía una personalidad desbordante y arrolladora, de aspecto algo tosco y robusto. Muy pronto se convirtió en el líder de los protestantes granadinos, comenzando a predicar el Evangelio en el mercado de Granada.
En 1860 la policía registró su casa y le incautó documentación en la que constaban los nombres y apellidos de varios protestantes granadinos. El juez los procesó a todos por tendencia a la propagación de ideas democráticas y antirreligiosas. La Audiencia Provincial de Granada condenó al malagueño Matamoros y a José Alhama a ocho años de prisión por delitos de apostasía pública y tentativa contra la religión católica.
He podido localizar algunas noticias en la prensa de la época. En El Clamor público: periódico del partido liberal, aparece la noticia de la detención de Alhama y de otras personas entre las que se encontraban familiares como su madre, Rita de Teba y su esposa, Piedad de Montes y Segura, natural de Guadix, como implicados en las revueltas de Loja. El proceso tuvo un eco internacional bastante importante que ejerció presión sobre el gobierno de Isabel II, finalmente se les conmutó la pena de prisión por la de destierro. Se exiliaron a Gibraltar, donde José estableció una sombrerería.
José Alhama, demócrata y republicano, en el período demócrata fue elegido Concejal del Ayuntamiento de Granada. También fue masón, al igual que su hermano Antonio.  Hay constancia de que José fue miembro de la logia “Lux in Excelsis” con el nombre simbólico de Mazzini: ideólogo de la unificación italiana. Antonio Alhama perteneció a la misma logia con el seudónimo de Favila, donde ejerció como limosnero con el grado 3. Otro miembro de la familia: José Alhama Herrera, hijo de Antonio, también fue sombrerero y masón, con el nombre de Zorrilla.
José Alhama Teba Murió en Granada el 5 de abril de 1892 y sepultado en el cementerio civil, mas tarde sus restos se trasladaron de forma clandestina al cementerio católico. Tuvo al menos dos hijos que aparecen en la foto familiar. Uno de ellos fue Manuel Alhama y Montes, educado en Inglaterra y Francia, al igual que su hermana.
Si la vida de José fue apasionante, no lo fue menos las de Manuel, escritor y periodista conocido con el seudónimo de Wanderer (el nómada o viajero), propietario y director del semanario “Alrededor del mundo”; dedicado a temas científicos, lugares exóticos, amén de otros temas curiosos. También publicó en el periódico El Imparcial. Se casó con María Elio y Magallón hija del VII Marqués de Besolla.  En un panegírico que Eduardo Zamacois, sobrino del famoso pintor del mismo nombre, le dedica en el periódico “El Guadalete”, dice de él: “Era Alhama Montes de mediana estatura y grueso; adornaba su semblante redondo, bronceado por la intemperie de muchos climas, una barbita pulcra, blanca y rizosa; en la mirada de sus ojos pardos, duchos en el arte de desnudar almas y adivinar intenciones, triunfaba una expresión de ironía. Educado en Inglaterra y Francia, conservaba a despecho de su temperamento latino esa elegante ecuanimidad, fría y correcta que caracteriza a las razas del norte. Caminaba a pasos breves y muy erguido, con la obstinada tiesura de quien no quiere envejecer. Se vestía en Londres y tenía predilección por los trajes claros…”.
Guadix vio nacer a esta familia: hombres apasionados, emprendedores, luchadores y de una amplia cultura, dotados de un gran espíritu crítico. Ese espíritu que hace a los hombres libres, capaces de transformar la sociedad que los rodea.


Carmen Hernández Montalbán

Lyrica 75 de María Pizarro


Me ha llegado el libro Lyrica 75 de María Pizarro, la poetisa cordobesa de Conquista. El título del poemario es una alegoría de la experiencia vital y anímica de la autora. Un recurso donde el dolor se disuelve en el caudal apasionado de sus versos. ¡Qué acertado este título!.

La poesía de María es palabra que fluye del alma, es el aguijón de una abeja suicida que no logramos esquivar, porque es tan humana y despojada de perifollos retóricos que de una forma natural logra conmovernos. ¿No es la poesía la música del corazón expresada con palabras?.










Poemas que no son domesticables

que no se tragan

si bien no los masticas.

El león dispuesto a romper

la vanidad del metal

que lo aprisiona.

La libertad de la herida

de cerrarse o abrirse.

Los desiertos que sobreviven

en el corazón de los hombres.

El mar, suficiente para reír

los ojos de un niño.



                                                            ( María Pizarro Lírica 75)

LIBRO DE PRECISIONES (Poemario de Miguel Angel Contreras)

Recientemente acaba de salir a la luz el poemario "Libro de Precisiones" del poeta accitano Miguel Angel Contreras. El desierto es un metáfora a la soledad e incertidumbre que siente la gente en las grandes urbes, paradójicamente superpobladas. Sus habitantes, como granos de arena, son azotadas por un viento de soledad y desamparo.

Desde aquí, enhorabuena amigo Miguel Ángel, estoy segura que no pasará mucho tiempo hasta que vuelvas a sorprendernos con una nueva obra...
¡Un abrazo paisano!

Carmen Hernández Montalbán.

Otras reseñas:



http://editorialultramarina.com/2012/06/03/agustin-calvo-galan-escribe-sobre-libro-de-precisiones-de-miguel-angel-contreras/
http://franciscocenamor.blogspot.com.es/2012/05/lecturas-libro-de-precisiones-de-miguel.html
http://poeticasvisuales.blogspot.com.es/2012/05/libro-de-precisiones-de-miguel-angel_17.html

LA CUMBRE DEL SILENCIO (Presentación de la novela de Josefina Martos Peregrín)

El próximo 15 de junio tendremos el placer de asistir a la presentación de la novela, de la escritora Josefina Martos Peregrín, madrileña de nacimiento y accitana de adopción. La cita será en el Patio del Ayuntamiento de Guadix a las 20 h. La obra ha sido publicada por la Editorial Atlantis y presentada el pasado 30 de marzo en la Asociación de Escritores y Artistas Españoles de Madrid. La presentación en Guadix estará al cuidado del escritor y cuentacuentos bereber Mohammed Hammú. Enhorabuena a nuestra amiga Josefina.

ENTREVISTA
1)      ¿Quiénes son los protagonistas de La cumbre del Silencio? ¿Cómo los definirías?
 Los protagonistas son cristianos de principios del siglo IV con muy diferentes formas de vivir su religión. Pero, a pesar de la distancia, no cuesta comprenderlos. Por ejemplo, creo que  en la suprema fe de los mártires que inician la novela  todos palpamos una frialdad inhumana.
Con la misma inmediatez entendemos la soledad de Cecilio, creyente intelectual que no consigue desechar la duda; que envidia la fe de su hermano Dorotheo, ilusionado y simple, “esa fe como una tromba”, que  permite “caminar ciego hacia Dios sin zancadillas de la razón”.
Nos intriga ese peregrino llegado de muy lejos, posiblemente hereje, seguramente poeta y, ciertamente, lleno de amor. El único verdadero discípulo de Cristo que aparece en esta historia.
¿Y acaso no existen hoy día cristianos inhumanos?  ¿O atormentados por la duda? ¿Ignorantes y simples?  Y también –juro que algunos conozco- imaginativo, profundo y lleno de amor.

2)      ¿En qué escenarios se mueven?
 Transcurre en la ciudad de Ecqui, trasunto de Acci, nombre romano de la actual Guadix, donde vivo y de cuya historia romana he tomado elementos sobre los que he imaginado y fantaseado a mi gusto y conveniencia de la narración. Sin embargo, en lo que toca a  la montaña, a la acción que transcurre en Sierra Nevada, me he mantenido fiel a la realidad, en morfología, vegetación, distancia a Ecqui… Por cierto, le doy el nombre que recibía en la época: “Montañas de Sol y Aire”, como menciona el Padre Suárez en su “Historia del Obispado de Guadix y Baza”.

3)      ¿Cómo está  estructurado el libro?

La novela sigue una estructura lineal, avanzando de modo directo hacia el drama final e inevitable.
Un detalle importante: A pesar de los contratiempos, penas e injusticias por las que van pasando los protagonistas, siempre hay toques cómicos, humor del que no puedo ni quiero prescindir; quizá porque constituye uno de los principales soportes de mi propia vida.
Ya lo dijo Freud y, en este, punto  le doy toda la razón: “El humor es la manifestación más alta de los mecanismos de adaptación del individuo”.

4)      ¿Qué labor de documentación histórica existe detrás de una obra como ésta?

Evidentemente, muy amplia. Claro que parto ya de un bagaje extenso, pero siempre se me plantean  dudas, montones de dudas,  sobre aspectos concretos de la vida en el pasado; no tanto acerca de la sociedad, acontecimientos o fechas, como del mundo
visual, los espacios naturales, los objetos que se manejaban… Por ejemplo,  con respecto a las plantas silvestres que nuestros protagonistas recolectan en la Sierra: ¿A principios del siglo IV crecían las mismas que vemos crecer ahora? Y no, he descubierto que no, puesto que algunas de las actuales fueron introducidas por los árabes a lo largo de su historia en esta zona granadina (caso de la alheña).
Suele ocurrir esto muy frecuentemente, al menos a mí: que investigo con el fin de que no aparezca lo que no ha de aparecer. Se me viene a la memoria aquella superproducción de los años cincuenta, “una de romanos”, en que el sólido brazo de
un centurión lucía  un espléndido reloj de pulsera. Pues eso, huyo de los relojes de pulsera.

5)      ¿De dónde surgió la idea para crear la trama y cómo fue el proceso de creación?
Surge de mis propias inquietudes y obsesiones personales. Mi incredulidad unida a mi deseo de creer  me han llevado desde muy joven al estudio apasionado de creencias, mitologías, religiones. Y a la lectura, sumamente entretenida y curiosa, de relatos hagiográficos. De aquí, de las extremadas, ilustrativas y, para mí increíbles vidas de santos nació la trama de esta novela.
En especial me atraen las excéntricas aventuras de los solitarios retirados al desierto; héroes lunáticos que se pasaban la vida subidos a una columna, o intentando rezar sin nunca dormir, o empeñados en no hablar, no comer, no dormir. De veras recomiendo al buen lector que no se pierda literatura tan amena; actualmente existen excelentes ediciones en este campo.

En cuanto a los personajes, aparecieron por sí mismos, sin buscarlos apenas, porque ya se encontraban dentro de mí; sólo tuve que desarrollarlos. Y comprobar y corregir incansablemente, por supuesto, dado que padezco la desazón continua de la autocrítica.

6)      ¿Qué referencias literarias, culturales o personales crees que han podido manifestarse en tu obra?
No sé si llega a manifestarse, pero, desde luego me gustaría que en mi obra se apreciara lo mucho que me ha influido Borges; literariamente, si he de parecerme a alguien, elijo parecerme  a él.
Ya me he referido antes a la hagiografía, pero debo añadir un santo al santoral, tal vez el único en el que podría creer: “San Manuel Bueno, mártir”, creación de Unamuno, con cuyo sentir religioso me identifico en gran medida.

Y para terminar, posiblemente  se advierta en esta obra  mi gusto por los grandes paisajes, los espacios naturales, con sus cumbres, barrancos, árboles… Pero espero que se trasluzca también mi atención a seres más humildes y pequeños, como hierbas, golondrinas,  animalillos urbanos.

7)      ¿Cuáles son tus próximos proyectos como escritora?
               Pues… Más de uno.
Posiblemente el que llevo más adelantado sea un libro de poemas, pero tengo mucho que pulir; sobre todo, tachar y eliminar. No sé quien dijo que el único objeto imprescindible para un escritor es la papelera; pues, eso, tengo que usar mucho la papelera.
Y  un segundo proyecto –una obra relacionada con la pintura y bastante experimental- al que todavía le queda mucho camino que recorrer, mucho que escribir y al que estoy deseando entregarme. 

 Entrevista realizada por la Editorial Atlantis




LAS LÚCIDAS TINIEBLAS DE UN REY




Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe,              
y en cenizas le convierte
la muerte, ¡desdicha fuerte!
¿Qué hay quien intente reinar,
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte? 
“La vida es sueño” de Calderón de la Barca 

En la última década, los países “desarrollados”, hemos pasado de disfrutar de una sociedad de bienestar, en la que los derechos sociales parecían inquebrantables, donde las oportunidades de prosperar, en teoría , estaban al alcance de la mayoría, hasta el punto de sufrir una amnesia colectiva más o menos generalizada, en la que se nos olvida que no fue siempre así, y que esos derechos con los que legítimamente debiéramos nacer, han tenido que ser conquistados a lo largo de la historia, con no pocos sacrificios de vidas humanas en nombre de la libertad, a presenciar el declive de una economía mal gestionada, sometida a la dictadura de un capitalismo imperante y deshumanizado, que incuba y fomenta la corrupción. Así las cosas, habría que hacer una seria reflexión sobre las consecuencias del abuso del poder, que irremediablemente nos aleja a todos de ser personas, y nos condena, más temprano que tarde a la absoluta soledad.
Rey tiniebla es el título de la última novela del escritor y poeta granadino Antonio Enrique que he tenido el placer de leer recientemente, sumergiéndome en la riqueza de su vocabulario y en la maestría de su discurso narrativo.  Felipe II, rey del más vasto imperio español donde se decía “nunca se ponía el sol”, con una salud ya quebrantada, ve aproximarse la hora de su muerte. En su prolongada agonía, es asistido por un joven mozo de retrete que Antonio Enrique erige en narrador principal de la novela, personaje de humildísimo origen, al que el rey apadrina con el nombre de Maltrapillo. Felipe II, viéndose rodeado de una corte de validos que sólo aspiran a privilegios y prebendas, se conmueve ante la actitud compasiva del muchacho. La admiración del mozo hacia el monarca y la gratitud de este, se van trasformando en afecto en el trascurso de la novela. El mozo del retrete, es el elemento iniciático que hace tomar conciencia al rey de su plena condición humana, ya que se siente intimidado al tener que exhibir ante el muchacho sus excrementos, la prueba irrefutable de que somos iguales. Ahí, en su debilidad, es donde el muchacho reconoce en el rey, al hombre. Se  establece entre ellos un vínculo singularísimo, un diálogo en ocasiones casi telepático. El rey hace examen de conciencia y en ocasiones se interesa por el parecer de Maltrapillo en cuestiones de gran trascendencia. 
“-¿Qué harías tú si yo te nombrase noble?-…
- Yo, majestad, procuraría que todos de mis tierras fueran servidos de ataviarse con decoro, y fueran bien comidos y bebidos, con lustre de sus personas, para que se les percibiera la buenandanza hasta en las caras.
- ¿Y sabrían así, Maltrapillo, que tú eras su señor?
- Todos lo reconocerían por eso, majestad, y no como tengo visto de otros señoríos, que muchos pujos gastan, pero sus súbditos van desarrapados. Y digo, dice: ¿qué grandeza hay en esto? ¿Acaso no les deshonra que, perteneciendo a sus casas, padezcan hambres? Los míos los reconocerían, aun sueltos en la corte. No habrían de preguntarles de dónde proceden. Sabrían todos que de mis tierras.”

De: “Rey Tiniebla” de Antonio Enrique

El rey y Maltrapillo, aun siendo dos personajes antagonistas uno del otro, por pertenecer a dos estratos sociales radicalmente opuestos, tienen en común que ninguno de los dos ha conocido otra condición que la que les es impuesta desde su nacimiento; el rey es rey, como maltrapillo es parias desde la cuna, de ahí su acercamiento desinteresado, que en la realidad puede resultar bastante inverosímil.  El mozo del retrete es el Karma del monarca, la voz de su conciencia…

“¡El poder! este poder, consistente en que mires donde mires todo es tuyo, necesita de una justificación que lo fundamente: la voluntad de Dios. Si no es por designio superior, la desproporción entre un hombre que manda y millones que obedecen es tal, que nada puede justificarlo, con lo cual la locura suple esa voluntad divina…”

De: “Rey Tiniebla” de Antonio Enrique

Por tanto el argumento de la novela tiene plena vigencia en la actualidad, ya que nos hace reflexionar sobre muchos de los desmanes causados por el poder. Esta obra es una novela histórica en toda regla, en esto discrepo de la opinión de su autor, ya que está escrupulosamente documentada. La novela histórica, lejos de ser una crónica, es una recreación de hechos ocurridos, cuyas motivaciones no tienen por qué ser verídicas, pero han de resultar creíbles para los lectores; esto es lo que la hace novela y lo que la diferencia de la historia. Recomiendo su lectura, en primer lugar, por su riqueza literaria intrínseca y en segundo lugar, porque en tiempos como los actuales a la humanidad le hace falta buena memoria. ¡Chapeau, querido Antonio!.

Carmen Hernández Montalbán



EL ARGONAUTA TRANSPARENTE

El eterno argonauta transparente, incorpóreo, pasó guillotinando las hojas, desnudando los árboles. Pasó silente sobre las podridas hojas, invisible, enigmático, como un fantasma. Cubrió paredes de moho y dejó caer la nieve en las ramas hasta calcinarlas. Lejos, muy lejos, en el mar océano tal vez se corroen de su herrumbre y humedades los buques. Ya en tierra firme, crepitan los huesos amputados de los árboles tras su lento ritual de llamas anaranjadas y azules. Es tiempo de incertidumbre y de miedo. Es él, no hay duda, llega el invisible, el eterno argonauta buscando entre la nieve copos de estructuras perfectas, porque sabe que bajo ellas, duerme la estrella de cristal, la joya del cosmos. Y ha de encontrarla antes de que la cubran las nieves perpetuas, porque únicamente aquel que la descubra podrá conocer el secreto geométrico del universo.

Dora Hernández Montalbán (de "Cuaderno de los icebergs")

San Valentín mon amour


  Dedico este relato a mi amigo Pedro Pastor Sánchez qué me animó escribirlo.

         Elvira, nada más levantarse, se acomoda la bata a sus nuevas proporciones, y se da cuenta con pánico que el cinturón cada día le queda más corto, mira a su alrededor, reconociendo el desorden que le rodea, puro reflejo de su malestar. Y es que la CRISIS asciende y se extiende. Tropieza con la pierna de Paco, que últimamente duerme con calcetines, ya que han tenido que sustituir la calefacción por dos mantas adicionales, y él siempre ha sido muy friolero. Lo escucha roncar con espanto; el extremo de su descuidado bigote se agita con cada resoplido y la pierna le tiembla como si repentinamente lo atravesara una corriente eléctrica. De nuevo la asalta ese sentimiento de rabia hacia Paco, al que hace casi dos meses que no soporta, desde el día en que la condujo casi a rastras hasta aquel lugar para vender sus joyas, último testimonio de sus días de gloria. Y es que como bien dice el refrán: cuando el hambre entra por la puerta, el amor sale por la ventana.
¡El amor! Hoy es día de San Valentín, casi se ruboriza al pensarlo. La fecha señalada en el calendario con una cruz de rotulador rojo, para que Paco la distinga, aun así para él los días señalados pasan totalmente desapercibidos, pero a Elvira le gusta marcarlos en el calendario, como denuncia a su falta de atenciones.
Se ducha, se viste con desgana el uniforme del supermercado, desayuna apresuradamente y sale. Todos los años por San Valentín Elvira se levanta con la esperanza renovada, presintiendo que a la vuelta siempre la espera una sorpresa: un escandaloso ramo de orquídeas o un collar de perlas cultivadas…, pero Paco hace años que ha abandonado la buena costumbre de agasajarla con un detallito siquiera. Entonces echa mano a la imaginación y piensa en un admirador anónimo, que algún día la rescatará de las estrecheces que en los últimos tiempos la mortifican.
Lo primero que se encuentra al entrar en el supermercado donde trabaja de cajera, es un montón de pack de regalo Especial San Valentín. Vanessa, la reponedora, está colocándolos en la sección de perfumería. Una coqueta cestita que contiene un bote de colonia, una leche hidratante corporal y en medio de los dos frascos, un osito de peluche abrazando un corazón en el que puede leerse: I LOVE YOU. Todo por el módico precio de diez euros.
- Buenos días Elvira ¿A que son monos? –le pregunta Vanessa visiblemente entusiasmada.
- Buenos días Vanessa ¡moníssssimos! – responde alargando la “s” con un gesto de repugnancia.
“Como se le ocurra a Paco regalármelo, no tendré más remedio que apuñalarlo…” – piensa-. Antes de que Vanesa pudiera acercarse para mostrárselo de cerca, Elvira se pierde entre las estanterías y se dirige a las taquillas de los empleados para dejar allí su abrigo y su bolso, modelo Versace de hace dos temporadas. Después va directamente a la caja para atender a los clientes, que sin perder el tiempo comienzan a entrar. Desde que trabaja en el supermercado, no falta un solo día en el que Elvira no se flagele recordando tiempos mejores. Cinco años estudiando, dos de masters, otros tantos trabajando en el Departamento, para terminar aquí… ¿cómo he podido llegar a esto? – se pregunta mientras pasa una y otra vez un paquete de papel higiénico por el lector de códigos de barras, para finalmente tener que introducir la serie interminable de números a mano. Uno de los pack especial San Valentín se desliza por la cinta trasportadora, junto a un paquete de preservativos. Un joven perforado por los piercing deja caer un billete de veinte euros con desgana. Elvira le ofrece una bolsa y el chico se apresura en meter la compra, especialmente los preservativos. Mirar el pack de nuevo le hace pensar en Paco. Su memoria asociativa la conduce otra vez al enigma; ¿Cómo he podido llegar hasta aquí?
Llega a casa casi a las cuatro de la tarde agotada, no hay nadie, como de costumbre Paco habría salido a buscar a los niños al colegio, aprovecha estos minutos de soledad para relajarse, se quita los zapatos y se tiende cual larga es en el sofá. Al entornar los ojos, como siempre comienza a ver la cinta trasportadora llena de productos, una imagen que desde hace meses tiene impresa en la retina, los abre entonces y su mirada va a parar al calendario, donde el aspa roja sigue allí marcando el día 14. Recorre con la vista la habitación sin demasiada esperanza, por si a Paco se le hubiera ocurrido mirar el calendario, incluso se levanta para buscar en el dormitorio, pero nada, ni rastro de flor o paquetito. Se sobresalta al oír el timbre de la puerta, no espera ninguna visita a esa hora, a no ser que a su marido hubiera olvidado las llaves. Abre; es el chico de la floristería con un destartalado ramo de flores.
-          ¿Es la casa de Doña Elvira González?
-          Sí aquí es –responde ella desconcertada.
Elvira se queda sin habla cuando el chico se lo entrega y antes de marcharse le dice:
-          Les acompaño en el sentimiento.
-          Gracias – responde ruborizada –“Estos jóvenes atolondrados…, confunden ya las felicitaciones con los pésames” –piensa.
Se queda de piedra mirando el enorme ramo envuelto en plástico transparente. Lirios morados, rosas, crisantemos… ¡Pero qué mal gusto tiene Paco! Busca la tarjetita nerviosa pero sólo encuentra una con la publicidad de la floristería y una banda que dice: ¡SU ESPOSO E HIJOS NO LA OLVIDAN…! – Un escalofrío la recorre, siente como el vello se le eriza de los pies a la cabeza. Por unos segundos se siente la protagonista de una thriller. “Ha debido ser un error-piensa- Paco siempre ha tenido talento para el humor negro, pero no creo que se haya atrevido a llegar tan lejos…”. Entra al cuarto de baño y llena un cubo de agua para meter el ramo provisionalmente.

Paco y los niños entran por la puerta y encuentran a Elvira sentada escuchando la radio, comiéndose un trozo de lasaña que previamente ha calentado en el microondas y que al hincarle el diente se da cuenta de que aun está fría.
            Los niños se acercan a ella y le dan un beso. Alberto, el menor, lleva la mano escondida tras la espalda, le entrega un corazón de papel que ha hecho en el colegio y le dice:
-          ¡Feliz día de los enamorados!
-          ¡Gracias mi amor! –responde Elvira, después mira a Paco y se sonroja.
 Paco le dirige una sonrisa, que más parece una mueca y entra en el cuarto de baño, para salir casi  al momento con cara de póquer ¿qué hacia aquel ramo de flores allí? ¿Quién lo habría traído? Elvira no necesitó más señales para darse cuenta de la sorpresa de su marido, él no lo había enviado, entonces no había duda, tenía que haber un error.
-          ¿Quién ha traído eso? –preguntó señalando  en dirección al baño.
-          Eso mismo me pregunto yo –respondió en todo acusador, por si las moscas…
-          Supongo que no habrá venido volando ¿Lo trajo alguien no?
-          Claro, el chico de la floristería, lo que me pregunto precisamente es ¿quién habrá sido el gracioso al que se le ha ocurrido una broma de tan mal gusto?
-          A mí no me mires Elvira –dijo con una risilla nerviosa- ¿conoces a alguien…? quiero decir…, hay otra persona…?
-          Pues claro que no ¿qué insinúas?
-          Yo nada…
-          ¡Aún no estoy muerta!- contestó indignada.
-          Que no estás muerta es bien notorio ¿Qué tiene eso que ver con el ramo?
Al parecer Paco no se había percatado de la esquela de la cinta. Elvira entró en el cuarto de baño y sacó el cubo con el ramo dentro.
-          Este ramo es para un difunto –dijo mostrándole el lazo.
-          ¿Entonces por qué lo ha dejado aquí? -Preguntó Paco con cara de pasmo.
El murmullo de la música en la radio fue bajando de volumen para dar paso al tañir de unas campanas. La locutora trasmitía las noticias necrológicas: “La Señora Elvira González de Ledesma falleció esta pasada noche los 89 años de Edad. La misa de funeral tendrá lugar en la Parroquia de Santa Eulalia a las 5 de la tarde. Descanse en paz”. Elvira y Paco se miraron incrédulos, el enigma se había resuelto de un modo tan inverosímil como se había producido. Elvira se puso el abrigo, el bolso, sacó el ramo del cubo, secó el agua con papel absorbente y se dispuso a salir.
-          ¿Dónde vas? –preguntó Paco.
-          A la Parroquia de Santa Eulalia, quédate con los niños.

Eran las cinco y diez de la tarde, con un poco de suerte llegaría a tiempo para devolver el ramo a su verdadera destinataria. Cuando llegó a la iglesia, casi había finalizado el funeral. Elvira preguntó a una señora por la familia de la difunta que en ese momento recibían el pésame de la gente que se acercaba para dar el último adiós a la otra Elvira.
-          Aquel anciano que ve usted allí delgadito, es el Señor Valentín, el viudo, los que están junto a él son los hijos y las nueras. Figúrese usted el pobre, precisamente hoy que era el día de su Santo…
Elvira se puso en la fila con la demás gente, hasta aproximarse a donde estaba la familia, después de manifestar sus condolencias, explicó como pudo lo ocurrido y entregó a Don Valentín el ramo, que tras pasarlo  a uno de sus hijos sostuvo las manos de Elvira y le agradeció su atención.
Al llegar a casa, sobre la mesa de recibidor, encontró una rosa roja sobre un paquete envuelto en papel de regalo, cuajado de corazones rojos. Lo abrió con el alma en un puño presintiendo sin remedio el contenido. La sonrisa de un osito de peluche la saludó con sarcasmo detrás del papel, pero Elvira estaba tan cansada, que decidió posponer para otro día el asesinato de su marido.

Carmen Hernández Montalbán





Presentación de la novela "La trastienda del Anticuario"

La escritora Carmen Fernández del Barrio, a la que yo llamaría la "Jane Austen accitana" presenta una nueva novela: "La trastienda del Anticuario". Será el día 3 de Marzo a las 18.00 en la Sala de Audiovisuales del complejo museístico Trópolis. Avenida José Fuentes s/n Alcudia de Guadix (Granada).

Sinopsis: ¿Qué harías si el Destino pusiese en tu mano el poder de hacer justicia? Cato lo aceptó y así se vio envuelto en sucesos que nunca hubiese imaginado. ¿Qué daríamos cualquiera de nosotros por terminar nuestra existencia en paz y con la conciencia tranquila? A Cato el Destino le tenía reservada una sorpresa que le sirvió para poner en orden algunas injusticias que sobrevolaban Guadix. Carmen Fernández nos invita a adentrarnos en unos pasajes que van más allá del mero entretenimiento. Con una prosa muy cuidada, nos narra los caprichos que el Destino nos tiene guardados. 

Esperamos con entusiasmo este día Carmen, ¡muchísima suerte!

EL SAPIENS

TRANKI TRONKO SAPIENS no servía para nada. Podía pasarse las horas
sentado en cuclillas aspirando sus propios pedos, o espantándose las moscas, con la
mirada perdida en “vaya usted a saber qué cosa”. Salir a cazar le espantaba, y a pescar
ya no te cuento, desde el día en que se clavó la lanza en su propio pié, al que había
confundido con una trucha. La recolección tampoco era su fuerte, pues se perdía del
grupo de las mujeres. En varias ocasiones habían tenido que retroceder kilómetros en su
búsqueda y lo encontraban dormido debajo de un matorral, o componiendo dibujitos
con las semillas. Entonces la emprendían a mamporrazos con él, pero Tranki Tronko no
despabilaba. Probaron a ocuparlo en la elaboración de herramientas, mas se entretenía
en chiscar continuamente de los pedernales. De no ser porque el fuego ya se había
inventado, Tranki Tronko Sapiens hubiera sido el pionero en esta ciencia. Si ayudaba a
coser las pieles, se pinchaba con la aguja de hueso. Al ver la sangre brotar, se acordaba
del accidente de la lanza en el pié, cayendo desmayado por el trauma.
Por todo esto se había ganado el título de perfecto inútil por parte del clan,
convertido en el hazmerreír de todos, hombres, mujeres, ancianos y niños que, cansados
de fracasar con él, un día le dijeron: ¡Hale Tranki Tronko, quédate ahí en la cueva!. Ni
media palabra más, se quedó allí, porque si algo sabía hacer era ser obediente cuando le
convenía.
Dedicó el día en explorar la cueva, que era bastante grande. Aquella oquedad
dentada de estalactitas y estalagmitas, se hacía más oscura conforme se alejaba del
fuego del hogar. Esta imagen debió traerle a la memoria algo a lo que se parecía mucho;
con gesto reflejo abrió la boca y se palpó los dientes. Absorto en los volúmenes y
formas de la caverna, sintió que el mundo exterior se volcaba en ella, asociándolos con
una imagen aprendida, de animal, planta, persona o cosa. Tranki-Tronko quedó muy
impresionado por estas observaciones. Se tapaba los ojos con las dos manos, pensando
que así, los fantasmas producto de tales asociaciones desaparecerían, pero en cuanto los
abría, volvían a aparecer multiplicados.
Así pasó la jornada, rascándose la cabeza y andando de un lado para otro, hasta
que los demás miembros del clan regresaron, hallándolo como siempre, según ellos,
pensando en las musarañas. La caza había sido abundante, así como la recolección, pues
el buen tiempo les había acompañado: un bisonte, dos cabras, un ciervo, siete conejos,
montones de bayas, trufas y tubérculos se amontonaban. Mientras dos ancianas
desollaban los conejos para preparar la cena, tres hombres tomaron los cuchillos para
despojar a las piezas de sus pieles, pero viendo a Tranki-Tronko ocioso le instaron
enseguida a realizar la tarea: ¡eh, tú, gandul, gánate la cena!; así que algo remolón se
puso manos a la obra.
Bien entrada la noche todo el mundo dormía. Él estaba a punto de finalizar su
trabajo, cuando los ojos del ciervo al que retiraba la piel llamaron su atención. Los
observó concienzudamente, concentrado en su forma almendrada, su vidrioso brillo, el
negro intenso de sus pupilas..., enseguida recordó las visiones vividas en la cueva y las
invocó de nuevo mirando alrededor. La luz era pobre, así que avivó el fuego. Si, allí
estaban de nuevo a poco que se esforzaba, el ciervo, el cazador, el bisonte, el río...
Esta vez deseó que se quedaran y con las manos manchadas de sangre de los
animales muertos, dibujó sus contornos en las paredes de la cueva. Satisfecho con el
resultado, quiso continuar, pero vio que la tintura roja de la sangre se terminaba;
enseguida recordó el día en que se clavó la aguja, en la propia sangre que le brotaba del
dedo, pero esta idea le puso la piel de gallina, así es que buscó como loco con qué
sustituirla: ¡la fruta!, ¡eso es!, pensó. Mas tarde también hizo uso de la ceniza, las yemas de los huevos o las hierbas. Se dio un festín de colores dejando el suelo de la cueva
hecho un estercolero, pero lo había conseguido. Allí estaban sus visiones intactas, como
recién nacidas.
De madrugada, fue una hembra sapiens la primera en despertar, encontrando a
Tranki-Tronko con las manos en la masa, en este caso, con los dedos sobre las paredes
de la caverna, después miró a su alrededor, y al reparar en los frescos, se incorporó casi
de un salto gritando como una posesa. El artista dio un respingo, y el resto del clan
despertó dando traspiés y armándose con las hachas y lanzas en actitud defensiva. Mas
nada ocurrió, pues aquellos seres, en apariencia animados, no aligeraban las patas, ni
abrían la boca para decir: “esta... es mía”. Quienes sí la abrieron fueron los sapiens, al
observar que los espantajos o fantasmas tan magistralmente plasmados salían de los
dedos del infeliz, inútil, simple y gandulazo Tranki-Tronko Sapiens.

De la obra "Homo cavernarius" de Carmen Hernández Montalbán

LOS CUATRO ELEMENTOS

Caminó durante todo el día sin descanso ni rumbo. Primero un páramo reseco y polvoriento. Imprimió sus huellas sobre una línea horizontal e invisible. No sabía hacia dónde se dirigía, llegar no era su meta. No le inquietaba el tiempo ni la lejanía, no se preguntaba nada. Devoraba con la mirada amarillos cercanos, marrones profundos y ocres. Sabiéndose firme bajo sus pies. Poco a poco fue naciendo en su consciencia el concepto de camino. Volvió sobre sus pasos buscando la línea marcada por sus pisadas, contaba los trechos, aprendió a contar. Pero las huellas habían sido borradas por el viento.
Se sintió perdido, miró hacia arriba, percibió el vacío intangible.  Se movió entonces; esta vez su propósito no era caminar sino alzarse, sostenerse en la incertidumbre de la nada. Sus extremidades perdieron peso, se extendieron, se ejercitó en el vuelo. Finalmente se elevó y planeó sintiendo la caricia de las alas, vio el suelo reducirse por debajo. Escuchó la sonata de la brisa, olvidó el silencio. Descubrió los rincones donde habitaba el sonido.
Entonces percibió una luz a lo lejos, un haz de luz cegadora descendiendo de unas formas grises y blancas. Después vino el estruendo, un estruendo ensordecedor. Lo alcanzó el rayo, durante milésimas de segundo sintió la quemazón insoportable y experimentó un dolor intenso. Sintió reducirse su ser a una partícula, apenas un punto luminoso que acabó por unirse a la llama.
Se trasformó en ceniza, fue golpeado por el torrente de lluvia hacia el suelo, disuelto en la corriente fría que lo abrazaba. Corrió veloz por infinidad de surcos, penetrando en las rocas o desapareciendo. Supo de la oscuridad y de la luz, de lo minúsculo y de lo inmenso, de lo tangente y de lo incorpóreo, de lo vacío y de lo lleno.
Fue, esa era su certeza, ser, incógnita constante para la humanidad, para quien entender su origen es la eterna quimera.

Texto: Carmen Hernández Montalbán
Ilustración: Elena Hernández Torres

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