Comentario a “Los sueños del Náufrago” de DORI HERNÁNDEZ MONTALBÁN, por Carmen Hernández Montalbán


I Parte
Se medita, la autora, en esta cosmogonía lírica, intenta explicarse el origen de las cosas, de sí misma por medio de esta observación poética donde la naturaleza la fascina y la asombra a partes iguales. Inicia un periplo estético, visionario, a través del cosmos, deteniéndose y profundizando en cada uno de los microcosmos que lo componen.
Todo el discurso poético de la autora en esta primera parte que ella titula: “Cartografía”, camina paralelo a la emoción; donde el silencio y la sensación de soledad e incertidumbre le crean la necesidad de sumergirse en el misterio que la rodea, como el cosmonauta que emprende un viaje por un territorio desconocido y va narrando sus descubrimientos en su singular cuaderno de bitácora. Es consciente de la inmensidad del territorio que se dispone a explorar y de su misterio inconmensurable, por eso, presiente y anuncia su inevitable naufragio: “La oscuridad del ser es insondable / pues estamos hechos de un agua invasora / que nos socaba y sumerge / y a esta profusa incógnita / sólo se llega a ciegas.”
También es consecuente de que este viaje ha de emprenderlo en soledad, sin la protección ni el apoyo de sus semejantes, sin el amparo de un ser superior que habita en el sueño colectivo: “Nadie vendrá por esta ignorada ruta / nadie me salvará del naufragio / ni tan siquiera él / el arcángel que habita en lo más recóndito del sueño de los hombres…”
La autora, la mujer, el ser humano, en este orden, se medita en un avatar que la seduce, pues no hay duda de que este es elegido, incluso deseado; porque a través de él, la autora marca su parcela de libertad, su sed de evasión: “En ocasiones me gustaría ser como el albatros / esa extraña ave, que indolente, sigue surcando los vientos furiosos / (…) para poder volar al fin victoriosa sobre la blanca espuma.”

II Parte
La segunda parte se titula: “Cuatro lunas de sangre o poemas sobre los que el pájaro se posa”. La poeta nos habla aquí del mundo más cercano, de la tierra que pisamos y los acontecimientos negativos que la conmueven profundamente. Asocia, metafóricamente, el fenómeno astronómico del eclipse a predicciones apocalípticas. El pájaro (la autora) se posa en algunos de ellos. El pájaro es la rúbrica de la autora como ser que se duele de las injusticias de los hombres, subrayando las virtudes del pájaro a la par que su fragilidad. El pájaro es la alegoría de la libertad en ocasiones: “Y al escucharlos / él mitiga el miedo, /cierra los ojos e imagina que puede volar como un pájaro. / El ave sobre la alambrada / no teme la descarga”, otras la de la fragilidad, la vulnerabilidad contra las que el ser humano atenta: “Bosa, Bosa, Bosa, / soy un pájaro, se dice, / tan sólo un frágil cuerpo / en trance hacia la muerte.”
Esas lunas de sangre son el preámbulo de la miseria del mundo, cuyo movimiento hacia la injusticia es causante del eclipse, de las señales que lo suceden: el hambre:”La mujer africana ha de saberlo, / cuando disfraza la muerte / con ropas de vivos colores, / cuando amamanta a sus hijos / con las ubres secas, / cuando se prolonga en su delgadez…” la guerra:  “El corazón no puede con tanto fusil / ni con el silencio de los muertos, / No puede con la sutileza de la tiranía…” o las encarnizadas fronteras: “Hasta esta orilla / te trajo la búsqueda del ansiado norte / con sus paraísos cerrados / y sus trenes veloces…”

III Parte
Termina el poemario con una conclusión: la del naufragio. El influjo de una luna crispada nos arrastra esta vez hacia un naufragio involuntario. El pájaro ha de volar hacia otras latitudes en busca de su ansiada libertad, pero se convierte en una quimera: “Bajo su embrujo, / todos iniciamos un nuevo éxodo, / sonámbulos, hechizados vamos, / tras sus ángeles de sombra…”
Dice la autora en la cita de apertura de esta tercera parte “Desde la gran eclosión en el mundo sólo quedan náufragos” En la que nos remiten a las dos partes anteriores…, porque al principio se habla de renacimiento, de origen, de partida, de inicio e iniciación. En la segunda parte se habla de conflicto, de ruptura, de lucha. También de fracaso, de frustración.
Es el resumen de todo lo aprendido en el viaje. La autora se deja fluir, se abandona a la corriente…: “Atrapada en la memoria del camino, / desnudó su cuerpo entre los álamos, / buscó en la corteza, / la antigua promesa de amor / con la grafía de su nombre, / Pero todo fue inútil, pues sólo el tronco conoce ya / en qué pliegue de su corteza / curó la savia tal herida.”


COMENTARIO A “LOS CONCIERTOS DEL FRÍO” de Pedro Casamayor Rivas, por CARMEN HERNÁNDEZ MONTABÁN




   En estos conciertos del frío, el solista, Pedro Casamayor Rivas, se ha vestido de tierra. Su melodía de invierno nos despoja de un tiempo de impostura y artificio, desde donde el autor arrastra con el viento de sus versos honestos la hojarasca de lo vano, de todo lo que ha cortado sus raíces y por ello, ha de pudrirse sin remedio.
   Nos envuelve su música en notas de certeza cadenciosas que van in crescendo, sorprendiéndonos con los abruptos silencios de sus finales, con la guillotina de sus sentencias.
El viento al que invocan sus violines nos invita al cambio con paréntesis de silencios, pues sólo en el silencio se reconoce la herrumbre, se repara en el desorden y cada elemento encuentra su acomodo.
   
   Lectura de los poemas:
La oxidada canción (p. 34), El blus de las mentiras (p. 25), Agitador de mariposas (53 p.) y Elegía anticipada (p. 44).

   El autor se viste de tierra. Y para dar sus frutos, reclama el beso de la lluvia, pues es en el agua donde germina la vida. Agua en forma de torrente líquido que penetra en la roca convirtiendo lo inanimado, lo estéril en campo abonado.
   Lo hace, a veces pausadamente, como las notas de un piano de cola. Sus gotas se dejan sentir melancólicamente, para convencernos de que todo ha de morir para renacer de nuevo. O lo hace en forma de nieve: la capa inmaculada que cubre la tierra y la convierte en lodo, donde fermentará todo lo caduco. Con la nieve, el tempo se hace más lento, casi grave, se torna solemne. El poeta se recoge, dirige la mirada a su interior, medita y formula su alegato a favor de la naturaleza, de lo que fluye de forma natural, se reconoce en el cambio de las estaciones, en la mudanza del tiempo, en la música del ciclo de la vida.

   Lectura de los poemas:
Hombre de lluvia (p.28), Espantapájaros (p. 33), Postigos (p. 37), Música de nieve (p. 70).

   Los conciertos del frío son la mudanza, el cambio, en ellos tiene el fuego su impronta purificadora, nos devuelve a la tierra en forma de ceniza que hará resurgir al hombre nuevo, a la mujer nueva, esos que se desprenden de todo lo que los aleja de su esencia: de los triunfos baldíos, de la ambición desmesurada, de los fuegos fatuos.
   En Los conciertos del frío se nos advierte de la necesidad de meditar, tomar conciencia de que somos como el suelo que pisamos. Por eso debemos aprender en la escuela de la naturaleza, donde no podemos fabricar un ciclo de la vida a nuestro antojo, sin el concurso del frío, la escarcha, el viento y la lluvia que remueve nuestro acomodo.
   En ellos la poesía se hace raíz, se nutre de la idea de cambio, pues es el solsticio de invierno el que marca el fin y el inicio, la muerte y el renacimiento, el regreso del alma al mundo espiritual.

Lectura de los Poemas: Cal viva (p. 67), Pipas de calabaza (p. 32)  y La mentira del Karma (p.41).



Carmen Hernández Montalbán

Guadix, 19 de junio de 2017





De rescates y naufragios Por ANA MORILLA PALACIOS.

De rescates y naufragios Por ANA MORILLA PALACIOS


“Como el náufrago metódico que contase las olas que le bastan para morir y las contase, y las volviese a contar, para evitar errores, hasta la última”… Luis Rosales


   Dori Hernández Montalbán bien podría ser como el “náufrago metódico” del poema de Luis Rosales, o como el conquistador Alvar Núñez Cabeza de Vaca, autor del curioso librito Naufragios. Pero si ellos contaban la historia de un fracaso, el fracaso personal en el caso de Rosales, o el fracaso de una expedición al Nuevo Mundo en el caso de Cabeza de Vaca, Dori Hernández refleja en su poemario Los sueños del náufrago el fracaso de toda una especie, la humana.
  Los sueños del náufrago -dividido en tres bloques: “Cartografía”, “Cuatro Lunas de Sangre o poemas sobre los que el pájaro se posa” y “Náufragos”- supone un grito liberador para su autora, que ha trazado el mapa de su propio yo, pero ante todo Los sueños del náufrago supone una retórica del agua.

Mar de agua, mar sideral…
Y nosotros dentro,
inmersos sin saberlo.
hombres,
mujeres,
criaturas,
como las olas;
pasando sin quererlo,
danzando suspendidas
mar adentro.
Ellas, como nosotros,
no saben que van mecidas.
Ésta es la única verdad:
el corazón latiendo
sin que nadie sepa bien cómo
en ésta nave de silencio que es el cuerpo.

   “Cartografía”, la primera parte del poemario, se sustenta en una cosmogonía acuática. Al principio era el agua oscura, el mar amniótico donde nadaban los peces de lágrimas; el espacio que habitaban el ojo acuático, el alga azul y la sal… pero también los siniestros nadadores, las criaturas que danzaban suspendidas, pues todos estamos hechos de agua, dice Dori.
   Y nos recuerda que el universo comenzó con el caos, que da lugar a la materia, al tiempo, a las estrellas, a la luz, a la luna y al sol, a las nubes, a la tierra, a las montañas, a los bosques, a la arcilla…

Quedó un mundo denso de oscuridades
y de inmortales despojos,
sin embargo, por la infinitud de un horizonte nuevo,
aparecían las primeras nubes,
y se deshacían como pavesas
sobre las calcinadas montañas.
No hubo allí quien preguntara por el nombre de las cosas,
ni hubo lugar para lamentos, ni congojas,
porque todavía no existía nadie
que pudiera nombrarlas.

   Y después los primeros habitantes del océano y de la tierra. El ser humano, pero también los pájaros, las águilas, los cóndores y los albatros de resonancias baudelaireanas:

En ocasiones, me gustaría ser como el albatros,
esa extraña ave, que indolente,
sigue surcando los vientos furiosos,
planeando sobre el mar a pesar de los insondables abismos,
y resistir, como él, la embestida de la tormenta,
para poder volar al fin victoriosa sobre la blanca espuma.

   “Cartografía” es el ser humano en sí mismo, vencido en soledad, que regresa al cosmos.

Nadie vendrá por esta ignorada ruta,
nadie me salvará del naufragio;
ni tan siquiera él,
el arcángel que habita
en lo más recóndito del sueño de los hombres.
Pues nadie hay en este lugar, nadie,
no hay aquí ni hermanos, ni amores, ni hijos...,
nadie en este rincón en donde el hombre se medita

   “Cuatro lunas de sangre”, la segunda parte, presenta al mundo desde la única certeza que tenemos, la noche; desde el dolor, desde el alma animal y desde la fiera que fue el ser humano en la era glacial. Porque el tirano no tiene nombre, dice Dori, renace en todo tiempo y lugar.

El corazón no puede
con la noche del mundo,
ni con el miedo de alquitrán;
no puede con el frío
de los cuerpos convulsos
por la intemperie del mar,
ni con el insondable misterio
en los ojos de los niños abandonados.

   Y así, Dori, mendiga un rayo de esperanza para los niños de la calle y los niños esclavos, para el nómada y el apátrida; los “Poemas sobre los que el pájaro se posa” son un grito que pide el fin del hambre en África, de los pozos secos, de la violencia y de la tiranía, de los esclavos sexuales, de los espaldas mojadas, de las fronteras y de los vertederos. Donde el poeta es siempre un suicida que contempla el mar desde el acantilado más alto.
   Finalmente, “Náufragos”, el bloque que cierra el libro, nos revela que todo es naufragio.

Hay cuerpos que al contemplarlos nos asaltan,
pues son tempestad carnívora
procedente de un remoto naufragio,
es como si sobre la piel desnuda,
se hubieran grabado ya todos los nombres.

   De este modo, nos dice Dori que la única verdad es la agonía de vivir, que la farsa de las patrias es naufragio, que tú mismo eres naufragio, avaro contador de tiempo, eres un náufrago de tus deseos. Todos nosotros somos náufragos, pero también nuestros cuerpos son náufragos, y la mujer, hija de Lilith, vientre del mundo, es náufraga.

Y una vez más, la rebelión de Lilith
que grita al fin: yo soy el edén,
hembra de sal, ninfa del eco,
agua del diluvio, exilio del hombre.


   En definitiva, desde la gran eclosión, en el mundo solo quedan náufragos.

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